12 de octubre de 2010

Blanco o negro en el Cáucaso

En la calle no para de llover. La tarde ha dado de sí todo lo que podía. Una de esas de domingo, en las que la mente piensa más en el día siguiente, mientras la gente sobrelleva como puede la resaca del día anterior. La cosa es que no podía alargar más la soporífera tarde en la calle y estoy en casa revolviendo cajones. Una sana labor esta, de vez en cuando hay que meterles mano. Todos tenemos algún que otro cajón en los que vamos dejando las cosas más dispares. Llegaron a él de modo aleatorio, desordenado, con la escusa del ya lo ordenaré. La cosa es que tengo uno de esos cajones, en los que se va amontonando de todo, desordenadamente, conforme voy llegando de diferentes viajes. El mapa de Perú, garabateado con líneas que parten del norte y van hacia la amazonia, hacia Ecuador, hacia el sur; el mapa del centro de Moscú, en cirílico, todo doblado y manoseado por una semana de uso; un billete de autobús en árabe de cuando visité Marruecos; un folleto de Tallinn, con dos rubias en la portada (estonas supongo); monedas, billetes; un pasaporte caducado, en el que ha quedado la huella de tanta aventura. Remuevo con la mano el interior del cajón, al fondo asoma un periódico doblado, que empieza a tomar el tono de los años. Cuanto recuerdo. Creo que hoy tampoco voy a poder meterle mano a este baúl de los recuerdos, dejaré que me sorprenda de nuevo en el futuro. Ese periódico lo recogí hace algo más de dos años a la que partía del aeropuerto de Moscú rumbo a casa, y se había quedado en el fondo del cajón hasta que hoy ha vuelto a ver de nuevo la luz. Conservado para recordar como podemos ser manejados, como no puede ser que todo sea blanco o negro. La fecha es de agosto de 2008, cuando todo el mundo miraba hacia Beijing y sus juegos olímpicos, y tuvo que desviar la vista hacia el Cáucaso, porque allí Rusia y Georgia, pasaban del deporte a la guerra.

Tan cerca y tan lejos. Estar en esas fechas allí, en el Cáucaso, en la República de Kabardino-Balkaria, el lado ruso, más concretamente en el Valle de Baksan, y encontrarte tan ajeno a todo lo que está pasando a tu alrededor, mientras todo el mundo mira lo que se está cociendo allí, en las regiones limítrofes del sur. Habíamos bajado de la montaña, tras una semana de ascensión al monte Elbrus y pasado a los valles que daban a la frontera con Georgía. Valles fronterizos en los que podías ver una tanqueta a pie de pista, no operativa supongo, pero vestigio de un reciente pasado en que infinidad de ellas apuntarían al sur. Con sus puestos militares, zonas restringidas y burocracia de quita y pon. De allí veníamos, de sortear un control militar de ida y venida, sin la documentación pertinente, agazapados en un autobús vacío mientras se levantaba la barrera y el militar saludaba cortesmente al conductor. ¡Baya descarga de adrenalina! Todo con tal de no caer en la burocracia rusa, muchas veces un tanto difusa y corrupta. Estábamos una vez más en nuestro hotel-campamento de Tyrnyauz, que había pasado a ser para nosotros como la base de operaciones en nuestro viaje por el Valle de Baksan. Éramos los bichos raros en el edificio, que estaba lleno de estudiantes en su campamento de verano. Nos empezábamos a mover por las calles de la ciudad como pez en el agua, y eso que unas semanas antes todo se veía de otro color, más negro este. Habíamos caído en esta ciudad del valle, con la ayuda de un ruso que nos contrató un taxí, a cuyo chofer no entendíamos, ni nos entendía, y que nos trajo de forma suicida, dejándonos a pie de la puerta del campamento de verano este. El primer día fue muy duro. Allí sentados en las gradas del campamento, frente al campo de fútbol y la pista de atletismo por la que paseaba la gente, con la mirada perdida y la mente en todos los previsibles problemas que nos íbamos a encontrar. !Qué carajo vamos a hacer aquí, en el culo del mundo, tanto día, sin un puñetero papel de estos que necesitamos! Tyrnyauz era una pequeña ciudad en medio del valle de Baksan, que en invierno recibía al turista ruso en busca de pistas de esquí, pero que ahora en verano estaba relativamente vacía. De construcciones soviéticas, bloques de edificios, sobrios, grises, con fachadas que se desmoronaban. Un gaseoducto recorre el centro de la ciudad, serpenteando arriba y abajo para dejar paso en cada cruce de calles. En el centro de los jardines de la ciudad, la estatua de Lenin vigila este reducto conflictivo del suelo ruso. El cáucaso norte, y en el cáucaso en general se mezclan pueblos, civilizaciones, religiones musulmana, cristiana y judía. No es de extrañar que siempre haya sido una zona caliente, un polvorín que en múltiples ocasiones ha saltado por los aires. Habíamos bajado de la montaña y nos encontrábamos de nuevo en el hotel-campamento de Tyrnyauz. Una habitación muy espartana, en la que hacíamos hora para bajar al comedor a cenar. La tele encendida, aunque no podíamos entender nada, más que ver las imágenes. Poco he visto la tele en Rusia, pero da la impresión de que se han quedado anclados en el tiempo de los espías, la guerra fría, como que es el espejo en el que se refleja la imagen de una rusia que aún no ha salido de esa época y encara el presente con desconfianza. No quiero ni imaginarme el lavado de cerebro que significará esto en las nuevas generaciones. En esas estábamos, descansando, cuando en la tele arrancaba el telediario vespertino con imágenes de guerra en portada, de bombardeos, explosiones, fuego, y como no, el dolor de la población civil. Imágenes que podían ser de cualquiera de las guerras conocidas o desconocidas y muchas de ellas ocultadas. Ni imaginar que no eran muy lejanas. Pensé, cómo se las gastan estos rusos. Y ahí se quedó la cosa. Tuvieron que pasar un par de días para que encontráramos a alguien con el que poder comunicarnos en nuestro rudimentario ingles y aclarar todas las dudas. Imaginaros cuando accedimos por fin a un periódico digital, donde podíamos leer: Guerra en el Cáucaso. Es en esos momentos cuando piensas que en casa tienen que estar que se suben por las paredes. Ves a tu madre gritando: !qué se le habrá perdido a mi hijo por allá! Y cómo explicar que aquí a lo sumo viste el otro día un helicóptero en al lejanía y un convoy de camiones militares que transitaban por la carretera y que te acabas de enterar que están a limpio bombazo a la vuelta de la esquina..., pero que eso aquí no es.

La cuestión es que en esa temporada por tierras, primero del Cáucaso Norte y luego por Moscú, fui absorbiendo como era tratado el tema allá, y claro, cuando volví a casa, vi como era tratado fuera de Rusia. Los rusos se sentían incomprendidos. Se podía ver en la prensa, los habitantes de Osetia del Sur eran las victimas de los bombardeos del gobierno Georgiano y el ejército ruso no había tenido otra opción que salir en su auxilio. Yo no entendía nada. Esta era la versión con la que los medios de comunicación bombardeaba constantemente a toda la población. Frente a esta versión estaba la de fuera de Rusia, en la que el ejército ruso había invadido Georgia y entrado en guerra directa. Me da la impresión que desde arriba hacen y deshacen, manejando a su antojo a los que están por debajo. ¿Blanco o negro? Lo realmente cierto es que la propaganda por ambas partes fue bestial. ¿Qué pensará el joven de Tyrnyauz? ¿y uno de Moscú? ¿un georgiano? ¿un osetio? ¿y el resto? ¿Blanco o negro? A mi no me queda nada claro y cada vez me da más miedo el poder que tienen para manejarnos.

En la parte superior de la portada aparece un tirador olímpico en primera plana, al fondo se puede ver un letrero de Beijing 2008. En la parte inferior, un militar georgiano, esbozando media sonrisa, muy maquiavélica esta (no habrán elegido la foto por azar), mientras apunta con su fusil desde un barracón. El titular: “Georgia's Olympic war games”. Una pena no haberme guardado un periódico a la que bajé del avión en Madrid, para tener el blanco y el negro de la historia. En todo caso este lo seguiré guardando en el desordenado cajón. Otra tarde lluviosa puede que le meta por fin mano a este baúl de lo recuerdos. Dejaré que me sorprenda de nuevo en el futuro.

6 de octubre de 2010

Bruselas Express

Como hicimos el año pasado con nuestro viaje veraniego, volvemos a aprovechar una parada táctica en nuestra vuelta a casa, para visitar, en esta ocasión, Bruselas, capital de Bélgica y sede europea. Así, ojo avizor, mapa en el bolsillo y cámara en mano, recorrimos lo que se pudo de la ciudad, inmortalizando en imágenes lo que dio de si este Bruselas Express.

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Bruselas tiene fama de ciudad de negocios, de altos edificios acristalados, muy funcionarial, impersonal; pero que deciros, yo me llevé una grata sorpresa. Frente a la parte de Bruselas, la de negocios, que la hay, coexiste la otra, la que tiene un casco antiguo precioso y una mezcla interracial y cultural que enriquece toda la ciudad.

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Comenzamos nuestro corto periplo por la ciudad partiendo a pie desde el mismo hostal, bajamos por el Bulebard Leópold II, para encontrarnos con el Bulebard Barthélémy que discurre paralelo al río. Varios mercadillos de segunda mano distraen nuestra atención, mientras llegamos a una figura de bronce. ¡Señor, qué se cae! Creo que le han puesto la zancadilla.

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Iglesia de St Katelijnea


Giramos y dejamos el río atrás, dirección al centro neurálgico. Varias calles más adelante nos encontramos con la Iglesia de St Katelijne.

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En la misma plaza una pescadería con servicio de bar-terraza no da abasto con la clientela. Por lo visto aquí la hora del vermut también es sagrada. Una compatriota afincada en la ciudad nos dice que éste es el mes de los mejillones, "son muy buenos, ahora es la temporada", mientras pasa de uno a otro a toda velocidad . Cualquiera se va de aquí sin un tentempié: unas rabas con un vino blanco a estas horas no tienen precio.

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Bolsa de valores de Bruselas (BSE)


Nuestra siguiente parada será enfrente del edificio de la Bolsa de valores de Bruselas (BSE), el punto de encuentro, como pone en el mapa gratuito que hemos recogido en el hostal."Todo el mundo se encuentra en las escaleras. No importa que estén siempre sucias y pegajosas de la cerveza vertida ... Las escaleras también sirven de lugar de oratoria para cualquier marcha de protesta: contra la guerra, los derechos de los animales, cualquier cosa.", puedo leer.

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Grand-Place (Grote Markt)


Enseguida se llega a la Grand-Place (Grote Markt). Este es el centro turístico de Bruselas, y se nota por la de turistas que se amontonan en el lugar. En el centro de la plaza, un bello jardín de coloridas flores, rodeado por casas de las corporaciones, el Ayuntamiento, la Casa del Rey.

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Seguimos andando por las calles del centro de Bruselas. Estas son de las que gustan, en las que te puedes encontrar desde una tienda de ropa militar a una de ropa gótica, desde una tienda de corbatas a otra de carteles antiguos, ropa de segunda mano, mercadillos varios...

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Galería de St. Hubert


Así, hemos llegado a la Galería de St. Hubert, un edificio comercial del siglo XIX, con las tiendas más selectas, terrazas y, como no podía faltar, las tiendas del buen chocolate belga.


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Catedral de San Miguel y Santa Gúdula


Ya va bueno el día, pero seguimos caminando por la ciudad. Nuestros pasos nos llevan a la Catedral de San Miguel y Santa Gúdula. Enfrente, un moderno edificio copia maneras, pero a su estilo, imitando el semblante de la fachada de la Catedral.

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Seguimos andando, cruzamos los jardines de Royal Park, para meternos en la Bruselas más "europea", por la calle de Luxemburgo llegamos al Parlamento Europeo. Aquí una estatua conmemora al euro. Estamos en la Bruselas de los negocios, que contrasta enormemente con todo lo que hemos visto hace solo unas horas cuando estábamos en la plaza central de la ciudad.

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Terminamos nuestra linea sobre el plano de Bruselas a la que vemos casas ornamentadas propias del art nouveau.

Llevamos buena parte del día andando, con lo que creo que nos hemos ganado el merecido descanso y degustar una buena cerveza belga, otro de los atractivos del país, sin duda.

29 de septiembre de 2010

Nace Viajeros Sin Límite




Hoy os presento un nuevo proyecto que nace en la red, Viajeros Sin Límite se llama. Una Bio Revista de turismo accesible, con sello de Miguel Nonay (Asalto de Mata) y Laura RS (Viaje al Atardecer), blogueros viajeros. Nace sin complejos, con la idea de que los límites tan solo nos los ponemos nosotros. “Nos dimos cuenta que muchas veces, por imposición, desinformación o ausencia de la misma, no podemos disfrutar todo lo que nos gustaría, por eso nosotros haremos lo que este a nuestro alcance para que, la aventura comience donde cada viajero quiera”, nos dicen en su nota de prensa. Y es verdad, falta información sobre turismo accesible.

No me quiero dilatar más. Transmitir todo el apoyo a la viajeros sin límite. Os podéis pasar por su web, aquí os dejo la dirección.

26 de septiembre de 2010

Write or Die

En esto del bloguear -desde mi humilde experiencia-, hay momentos en que uno da tanta importancia a cómo contar algo, acaba siendo tan crítico con lo que va a escribir, que no termina de arrancar. Nos hemos bloqueado. Seguro que te has visto en la situación de querer decir tanto en unas líneas que no has podido arrancar. Si, seguro que tú también. ¿Lo importante no es el contar, la comunicación que se crea?, ¿qué importan entonces las formas?. Resulta que al final nos bloqueamos y desquiciamos. Leía por ahí, que hay que dejarse llevar, escribir sin pensar en lo adecuado o no, volcando todo lo que tenemos en la mente, sin pensar, sin juzgar el resultado, sin ningún espíritu crítico, de manera espontánea, intuitiva. Al final el resultado nos puede sorprender.

El otro día dí en la red con una aplicación que ayuda a ello. Nos presiona de que manera para que no quede otro remedio que escribir como un cabrón sin pensar en el cómo. Write or Die se llama la aplicación. Tiene guasa el nombre. Aquí os dejo la dirección.

Os invito a probar. Yo hice una prueba:

El teclado está sacando humo. No es para menos: 300 palabras en 10 min, y no puedes parar porque la pantalla empieza a ponerse de un color rojizo que cada vez se hace más intenso; como presagiando la tragedia. Cuando aparece el bloqueo, y el color rojo de la pantalla ya no puede llegar más a allá sin ponerse negro, ves con incredulidad como van desapareciendo las palabras que con mucho esfuerzo has logrado plasmar, todo ello exprimiéndote el cerebelo. ¡No! ¡No! ¡No! Es como si la tecnología tuviera la sartén por el mango, y cogiéndonos por los cojones, nos estuviera dando bofetadas al ritmo que van desapareciendo las palabras del escrito. ¡No! ¡No! ¡No! 3 min y 17 sec y un wordcount de 137 , 138 , 139,.. ¡No llego! ¡No llego! Esto es una caña. Navegando por la red he dado con esta aplicación para evitar el bloqueo del escritor. Como que te pones a escribir y no paras; Write or Die se llama. Aviso para navegantes, para blogueros, para principiantes como yo. No se que saldrá de aquí, pero depende del programa que te pongas, escribirás como un cabrón . Anda, como que estoy pensando en importarlo al trabajo, tu sabes cómo saldrían esas memorias que tanto cuesta escribir, como churros. Como churros. 37 sec y 235 palabras, 236,... ¡No llego! ¡No llego! En estos 15, 14, 13 sec que me quedan, aviso para navegantes: qué menos que probarlo. Seguro que te echarás unas risas.

18 de septiembre de 2010

Cracovia, buscando al Dragón de Wawel

Cracovia se va alejando conforme el avión va cogiendo altura, tras dos días de recorrer sus calles.

Cracovia, la ciudad del dragón (aunque no tengo muy claro aún esto), con su centro en la Plaza del Mercado. Una iglesia, de dos torres, donde cada hora un trompetista se arranca con una canción, que deja a la mitad, y saluda. Esto viene de atrás: desde esta torre se vigilaba la venida de enemigos a la ciudad y se daba la voz de alarma. La plaza debe su nombre a que aquí, como es de suponer, se vendía de todo, (obvio ¿no?)

Cracovia, Plaza del Mercado
Plaza del Mercado (Cracovia)


Está también el barrio judío. Importante en la ciudad. Antes de la Segunda Guerra Mundial Cracovia tenía entre su población un 25 % de judíos. Luego, llegaría la guerra, y los nazis... y todos sabemos: los trenes partían llenos de gente con destino el macabro campo de concentración de Auswitch, muy cercano a Cracovia. El barrio judío es como otra ciudad dentro de Cracovia. Sinagogas aparecen a la vuelta de cada esquina, dentro de la escena urbana que sirvió para el rodaje de la película de la La lista de Schindler.

Cracovia, Barrio Judio


Elevado sobre la ciudad, el Castillo Real de Wawel, en lo alto de la colina. Cuando Cracovia ostentaba la capitalidad del país, gozó de gran esplendor, luego, llegó el gran fuego que lo arrasó y entró en un declive que lo fue desmoronando. En los últimos siglos emergió de entre las cenizas, o las ruinas, como ave fénix, y hoy en día ha recuperado el tono (aún siguen restaurando, por lo que veo).

Ayer deambulamos por una Cracovia en la noche, mientras buscábamos algún garito peculiar, de estos que uno no tiene en casa. En la zona interior a las murallas, calles que se entrecruzan, soberbios edificios, iglesias, plazas, alguna estatua. Pasadizos de los que parten galerías que conducen a salas, con su ambiente bodeguero, en los que se sitúan los clubes; jazz, rock, tecno, lo que quieras, en ambientes enladrillados de lo más cool. Música en directo. “Ehh... Dos mojitos y un caipiriña”. Todo ello bañado en la noche.

“Ehh... Dos mojitos y un caipiriña” (Cracovia)


Esto es lo que ha dado de sí nuestras corta estancia en Cracovia. Me llevo de tarea indagar sobre la historia del dragón. Dentro de media hora llegaremos a Bruselas y habrá dado por finalizado el viaje por Eslovaquia & Polonia (un poco de Polonia).


***
P.D.:
“Una leyenda atribuye su fundación al mítico gobernante Krakus, que lo construyó sobre una cueva ocupada por un voraz Dragón de Wawel. Muchos caballeros intentaron sin éxito desalojar al dragón luchando contra él, hasta que un zapatero llamado Dratewka le dio una oveja llena de azufre; el dragón se la comió, bebió el agua del río Vistula y estalló.” Qué haríamos sin la wikipedia.

12 de septiembre de 2010

Tren Bratislava a Cracovia, una noche movida

"¿Qué vagón es el nuestro?" Los pasos tranquilos con los que hemos bajado de nuestro vagón empiezan a acelerarse conforme los revisores nos mandan más allá con un gesto de negación. Los pasos van seguidos de zancadas, y de cierta angustia. "No, este no es, este va a Varsovia", "no, no os corresponde, ya que este es de primera clase", todo ello mientras el revisor chasquea sus dedos, "money, money". En medio del caos, la angustia va creciendo conforme lo hace la posibilidad de quedarse en tierra, con cara tontos, claro. "Tío, métete en cualquiera, que aquí no hay nada, qué vamos a hacer".

Era medianoche en una estación de la República Checa, Breclav, en la frontera con Eslovaquia. Acabábamos de subir al primer vagón que habíamos pillado, sin saber muy bien a dónde iba. Estábamos teniendo una noche movida, y nosotros que pensábamos que teníamos un viaje directo Bratislava - Cracovia. La realidad estaba siendo bastante distinta. Todo empezó a sonar mal cuando en la estación Hlavná Stanica de Bratislava no encontrábamos en el panel nuestro tren. El cierto mosqueo se acrecentó cuando una mujer en la taquilla nos dijo que nuestro tren era el que iba a Berlín, "¿cómo así?"; luego, lo potenció el ver que todos los vagones que iban a Cracovia estaban repletos de gente, y nos teníamos que montar en uno que iba a Berlín, con el consiguiente cambio en la siguiente parada. "No me quiero ver como esta gente, tirada en los pasillos" ,"ya, en la próxima parada, ya podemos andar listos para coger un camarote". Parecía que estos trenes nocturnos estaban muy concurridos, este venía de Budapest, en Hungría, un tren de las líneas rusas, con unos cuantos años él. Por lo visto, el interrail por los países del telón de acero, la Europa del este, estaba en auge.

Tren Bratislava - CracoviaEn el rellano, nada más subir las escaleras desde el andén, al lado del baño y entre las puertas del vagón. Allí, entre mochilas y gente durmiendo, estábamos tirados por el suelo porque el vagón está repleto. Os podéis hacer una idea, no muy cómodo el lugar. No habíamos andado muy listos. Eso parecía el camarote de los Hermanos Marx, de la gente que estamos allí metidos, y nosotros que pensábamos que teníamos un cómodo viaje directo, ocho horas en las que poder dormir y reponer fuerzas. La realidad era bastante distinta. A través de la ventanilla de la puerta que daba al vagón propiamente dicho se veía una hilera de gente tirada en el suelo, tratando de robar unas horas de sueño a esta noche movida. Al lado nuestra, una pareja de Nueva Zelanda que venían desde Rumanía. "Rumanía es diferente, mucho más rural", nos comentan, mientras el tren avanza ya por terreno Checo. También creían que iban a tener un viaje tranquilo, qué ilusos. Conforme van cayendo los kilómetros, las conversaciones van disminuyendo y uno y otro se iba en busca de dulces sueños, tirados todos en el reducido espacio que tenemos.

Son las tres de la mañana, el tren volvía a pararse, nos tocaba un nuevo cambio de vagón, y ya iban varios. Esta vez ya conseguíamos meternos en el adecuado, que nos llevaría a Cracovia de una tirada. El tener todos los huesos doloridos del agradable viaje en tren que acabábamos de tener, hacían espabilar a cualquiera, y nos faltó tiempo para vernos sentados en nuestro camarote. Ahora si, podíamos decir "hasta mañana, dulces sueños, amaneceremos en Polonia".


Post correspondiente a la serie "Eslovaquia, la ruta
#1 Bratislava, encontrando a la Belleza del Danubio
#2 Eslovaquia Central, las ciudades nacidas del oro y la plata
#3 Podbanské, desde las entrañas de los Altos Tatras
#4 Pico Kriváň, las dos caras de una misma moneda
#5 Slovenky Raj, chapoteamos entre los charcos
#6 Vuelta a Bratislava, hacia donde nos lleva el trazo incierto
#7 Tren Bratislava a Cracovia, una noche movida